6 de agosto de 2012

Amor patrio en tiempos de Gastón

"A menudo los lectores de Foucault acaban casi creyendo que, en los últimos doscientos años de historia, no se ha roto ninguna cadena" - Richard Rorty, Forjar nuestro país


Caricatura de Cossio

Después de las últimas fiestas patrias tuve la idea de hacer un cruce entre un libro que había leido recientemente ("Forjar nuestro pais" de Richard Rorty) y el sentimiento de orgullo nacional peruano. Para mi sorpresa, alguien ya lo había hecho (creo que no debió sorprenderme tanto porque es un libro de 1998, aunque no pude evitar sentirme así). No obstante, el texto de Miguel Giusti es de hace más de diez años (2001), cuando el Perú se encontraba en los inicios de la era post-Fujimori. Eran épocas distintas a las de ahora: la clase política estaba totalmente deslegitimada, había una pérdida total de confianza hacia los medios de comunicación, la economía no era tan boyante como hoy, etc. En resumen, se podría decir que estabamos peor que ahora.
En su texto, Giusti usa como guía una de las ideas centrales del libro de Rorty, "el orgullo nacional es para los países lo que es la autoestima es para los individuos", y alrededor de ello narra la historia de Vladimiro Montesinos (quien es el símbolo de la decadencia política en el país, según Giusti) tratando de evitar dos cosas: el sarcamo y la fatalidad, características que, de acuerdo a Rorty, al ser usadas mientras se narra la historia de una nación denotan más vergüenza que orgullo por el país al que uno pertenece.
Ahora bien, han pasado 11 años desde el texto de Giuisti y muchas cosas han cambiado, Hace 11 años no habían tanto crecimiento económico. Hace 11 años no había Marca Perú. Hace 11 años Machu Picchu no era una "nueva maravilla del mundo". Hace 11 años no se interrogaba a cada visitante extranjero si es que había comido un ceviche y tomado un pisco sour. Hace 11 años no andabamos preguntando a todo futbolista/entrenador/periodista deportivo extranjero si es que había escuchado de nuestros "4 fantásticos". Hace 11 años la cumbia no "unía" a todas las clases sociales. Hace 11 años no había miniseries de "ídolos populares" aleatorios. Hace 11 años no existía el Cuy Mágico. En fin, cualquier personaje/acontecimiento/motivo que actualmente cause orgullo probablemente hace 11 años no existía, no causaba orgullo, o al menos no lo hacía con misma intensidad como lo hace ahora. Si hace 11 años Iván Thays hubiera dicho que la comida peruana le causaba indigestión, en lugar de recibir un apanado masivo posiblemente más de uno hubiera dicho "a mi también".
Entonces,cómo leer este nuevo contexto, esta era de renovado orgullo nacional, estos tiempos en los que si hay un peruano en el extranjero que es campeón regional de la tercera división de lanzamiento de trompo en una localidad de Micronesia probablemente ocuparía los titulares de los principales medios (y si fabrica los trompos, mejor aún, porque es un "emprendedor"). En resumen, cómo leemos la "era Gastón". Y digo la "era Gastón" porque si para Giusti Vladimiro es el personaje que representó esa época de decadencia, creo que, actualmente, Gastón es el personaje que mejor representa esta época de relativo optimismo nacional.

Good guy Gastón, llevando su cocina a los barrios tristes

Quisiera hacer hincapié en lo relativo (y aquí es donde Rorty nos puede ayudar). Creo que las actitudes respecto ante clima de orgullo se podrían agrupar, a grandes rasgos, en 2 grandes grupos: por un lado, los que se han dejado llevar por el entusiasmo de esta reciente ola de amor patrio, incluso llegando al chauvinismo más exagerado (no creo que tenga que dar ejemplos de esto, abundan por todos lados). Por otro lado encontramos a los pesimistas, que creen que todo sigue igual que siempre y que recurren justamente al sarcasmo y al fatalismo para narrar la historia de la nación (creo que la caricatura de Cossio resume bien esta posición).
Entonces, ¿es posible una posición intermedia? Así como a Rorty le desagrada la baja autoestima nacional, también cree que el excesivo orgullo es perjudicial ("un exceso de orgullo nacional puede generar belicosidad e imperialismo, igual que demasiada autoestima puede producir arrogancia"). Rorty cree que es posible llegar a un equilibro, en el cual se puede tener suficiente estima por la nación a la que uno pertenece sin que esto signifique necesariamente convertirse en un arrogante chauvinista.
Es precisamente por esto que Rorty reprocha a una posición que él llama una izquierda "crítica", una izquierda que, en lugar de "comprarse el pleito" por tratar de hacer reformas prácticas en pos de la construcción de una mejor nación, se esconde en la academia, en su pasado (¿les suena conocido?), o en aisladas luchas reivindicativas que, sin dejar de ser importantes, se pierden en el marco general del contexto político. Ante esto, él propone una izquierda que él llama "progresista", más pragmática, que salga hacerle frente a la derecha en el juego político. Rorty cree que es precisamente esta posición política la cual debería tratar de forjar el país sin caer en chauvismos ni quedarse la eterna crítica.
¿Cómo logramos un orgullo nacional sin nacionalismo? Aquí no voy a hablar sobre todo el debate teórico que existe sobre como se produce una nación o un sentimiento nacional pero si quisiera citar un pasaje de Etienne Balibar en "Raza, Nación y Clase":
"...un modelo de la unidad debe anticipar la constitución: el proceso de unificación [...] presupone la constitución de una forma ideológica específica. Debe ser al mismo tiempo fenómeno de masa y un fenómeno de individuación, debe efectuar una “interpelación de los individuos como sujetos” (Althusser) la cual es mucho más potente que la mera inculcación de valores políticos..."
Esta forma ideológica, creo yo (tal vez ingenuamente), puede escapar de la forma en que el orgullo nacional actual se está produciendo. De qué se sentirían más orgullosos, ¿de tener una "nueva maravilla del mundo", de tener la comida "más rica del mundo", de las cifras macroeconómicas, o de tener un país en el cual todos seamos finalmente ciudadanos plenos? Acaso no debería ser precisamente este el motivo, un sentimiento de confranternidad nacional, el que nos mueva a construir una mejor nación. Creo que una lucha por derechos, dignidad y justicia para todos es lo que nos deberia unir, sin esa odiosa distinción, tan marcada por los medios, entre un "nosotros" y un "ellos" dentro del propio país (el ejemplo más claro de esto es el infame Perro del Hortelano de Alan García). Este sentimiento de confraternidad debería ser el que nos impulse a lograr un mejor país. Sin embargo, mientras unos crean que el país está yendo bien (y sigan reprimiendo a los "antidesarrollo") y otros crean que todo va a seguir igual (y sigan encerrados en la eterna crítica). pues nada, a seguir enorgulleciéndonos de platos de comida y goles de Paolo Guerrero.

1 comentario:

  1. Excelente post, mi estimado. Ahora usaremos tu imagen de caricatura de meditabundo como el Thinking guy meme.

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