28 de marzo de 2014

Apuntes rápidos sobre la Paisana Jacinta

En realidad estoy reciclando parte de un comentario que dejé el miércoles en el status de un contacto de Facebook que trataba sobre la reciente entrevista a Magaly Solier en Correo.

Lo que dice Solier sobre la actuación me parece clave aquí, ya que parece que intenta deconstruir al personaje en tanto ella, como actriz, sabe que es una actuación y, (¿por lo tanto?), arte. Sin embargo, no hay que ser actor/actriz para saber que es una actuación, para hacer esta deconstrucción. Todos lo hacen de una manera más o menos sofisticada. Todos sabemos que es un hombre vestido de paisana. Todos vemos detrás del vestido. A lo que quiero llegar es que no basta con saber eso, al contrario, el hecho de saber esto ayuda a establecer una distancia respecto al (¿intencionalmente?) fallido efecto de mimesis de la actuación de Benavides.
 
"Obviamente sabemos que es un hombre vestido de mujer, esto no es real por lo tanto nadie tendría razón de ofenderse". El hecho de saber que esto no es un intento de representación mimética de una mujer andina lleva al rechazo de quienes si sienten que es ofensivo. "¿Por qué ellos se ofenden si no es real? ¿Acaso no ven detrás del vestido? Obviamente ven detrás, entonces, ¿por qué la sensibilidad? Probablemente sea algo personal, una experiencia que perturbo su campo sensible y que lo hizo distinto al de todos nosotros que no nos ofendemos". Y aquí es cuando se pierde toda capacidad de ponerse en el lugar del Otro. Ponerse en el lugar del Otro implica no solo un ejercicio de empatía con un sujeto en un acontecimiento específico, sino la comprensión de la posición del sujeto en el funcionamiento de una sociedad, desde su posición de discriminado. Es fácil reirse de las ninguneadas que recibe Jacinta pero es condenable cuando alguien no es contratado por sus apellidos de origen andino o por sus rasgos en la foto de su CV limitando sus condiciones materiales en contraposición a otro con apellidos de origen europeo o rasgos "blancos". 
 
Precisamente las lecturas "flexibles" (lecturas que afirman que el personaje no es racista) del racismo en Jacinta surgen porque eso es algo inadmisible, indecible, salvo en situaciones específicas. Una gran mayoría puede coincidir en que la sociedad peruana es racista, pero en cuanto uno empieza a señalar racismo más le vale que sea en actos muy concretos (por ejemplo, la restricción de ingreso a un local), de no ser así, es inmediatamente tildado de hipersensible (cuando no resentido, acomplejado, etc.). El racismo está en todos lados y en ninguno a la vez porque nadie se atreve a enunciarlo. Desde una mirada normativa, todo racismo debe necesariamente estar en el campo de la experiencia, no de lo simbólico. Por eso creo que la denuncia debe seguir por el camino del racismo, porque el simple hecho de enunciarlo subvierte ya el orden simbólico del discurso dominante.

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