30 de abril de 2014

Conocer y regular: sobre el discurso de los abogados en los medios


La presencia de los abogados en los medios es un tema que me interesa especialmente por su constante y amplia participación en los espacios de opinión. Lo que más me llama la atención de estos personajes es la predisposición a opinar sobre temas sobre cuales no tienen expertise alguna (algo que he tratado en otro post), ya sean temas de urbanización, vivienda, tráfico, educación, etc., aplicando esquemas análíticos bastante rígidos (por no llamarlos dogmas) los cuales siempre terminan produciendo los mismos lugares comunes como conclusiones: regulación mínima, un Estado pequeño, privatización y similares.

Debido a esto empecé a leer el libro "Entre tecnócratas y wishful thinkers" (2010) de Enrique Pedro Haba que precisamente toca el tema del derecho y su forma de aproximación al conocimiento en uno de sus capítulos: "¿Puede el jurista discurrir como un ciéntífico social?: Posibilidades e imposibilidades del derecho como «ciencia» social". A pesar de los reparos que tengo con el libro (su redacción no es buena y, a veces, por denunciar el cientificismo, toma una posición cercana a la anticiencia) me parece que este capítulo tiene pasajes que resultan útiles para explicar porque los abogados con presencia mediática se acercan a la realidad de la manera en que lo hacen. Reproduzco algunos de estos fragmentos a continuación.

[Disclaimer: Esto para nada supone una generalización válida para todos los abogados. He trabajado con abogados conscientes de la importancia del rol de la investigación al momento de evaluar o modificar políticas públicas y normatividad.]

"El caracter retórico del razonamiento jurídico, y en general su endeblez como discurso científico, no es algo que en él constituya un aspecto apenas secundario. Ello no es corregible, en lo más fundamental, pues esa, ni más ni menos, es la condición misma para posibilitar que el derecho tenga existencia (real) en una sociedad (real). Para que de manera efectiva pueda cumplir con sus funciones esenciales, las de servir como medio común de ordenación -control, pacificación- social, tan necesario es que el discurso de los juristas parezca racional como que en verdad no lo sea demasiado. A los ojos del hombre común, y también, ante los de los propios juristas, semejante discurso ha de impresionar como si de esa manera consiguieran abrirse paso, necesariamente, soluciones racionales y sometidas a una discusión de tipo científico... ¡justamente porque, en realidad, ellas no lo son mucho!" (p. 337)

"El derecho no es, jamás será, predominantemente un sistema racional de pensamientos [...] porque él consiste en decisiones sobre distintas posibilidades de ordenación político-social para innumerables conductas humanas. Esas decisiones las toman personas de carne y hueso, individuos que están ellos mismo involucrados -directa o indirectamente, cuando menos ideológicamente- en tales conductas. De hecho, una decisión no suele resultar más racional que la voluntad y el conocimiento que quienes la impulsan. En el caso del derecho, los actores principales -jueces, políticos, grupos de presión- que determinan su dinámica no son precisamente unos «preferidores racionales», ni un grupito de sofisticados iusmetodólogos, sino personas que básicamente responden a orientaciones de la mentalidad común." (pp. 337-338)

"Como forma de pensamiento específica, la ciencia jurídica normal es, en buena medida, una técnica para cubrir y legitimar la falta de conocimientos científicos sobre cuestiones sociales que el derecho está llamado a resolver de alguna manera. Solo que, tal desconocimiento, tienen que ver justamente con unos conocimientos acerca de otras coas, aquellas en que consiste de modo exclusivo el saber «técnico» en la materia «propiamente» jurídica, esto es: conocimiento simplemente de ciertos textos normativos, uno de derecho positivo y otros de orden doctrinario, y haber aprendido justamente a no «ver» más allá de ellos -¡normativismo!-. En todo caso, puede allí servir como complemento alguna información superficial sobre ciertos aspectos de la realidad social o el conocimiento de unos hechos concretos muy limitados; en el razonamiento jurídico, todo eso es casi siempre visto en forma descontextualizada de los saberes que al respecto ofrecen las ciencias sociales." (pp. 346-347)

Edición 10/5: Hace unos días Enrique Pasquel, abogado y conductor del programa Rumbo Económico, entrevistó a Ricardo Cuenca, investigador en temas de educación, sobre el proyecto de la nueva Ley Universitaria. Creo que toda la entrevista es bastante ilustrativa respecto al tema tratado en este post, aunque me gustaría resaltar un pasaje especialmente elocuente.

Cita de 3:58 a 5:26
Enrique Pasquel: Entrando a ese punto. Se ha hablado mucho respecto a lo que supondría tener esta superintendencia reguladora de la calidad. Una de las principales críticas que se le hace es ¿por qué un grupo de burócratas debería elegir el tipo de universidad, el tipo de educación que se brindaría? ¿Esa no debería ser una elección que recayera en los mismo alumnos que trabajan para pagarse su educación? O sea, a mi me puede parecer que determinada universidad no dicta como se debe pero quiza un alumno, si está bien informado, tiene todo el derecho de decir 'quiero invertir mi dinero acá.

Ricardo Cuenca: Esa es una observación interesante creo yo en el plano más bien teórico. La pregunta que nos deberíamos hacer, nuevamente, viendo la realidad del país, es de verdad cuánta elección tienen, por más información que tengan las personas para poder elegir bien, sobre todo en cuestiones como educación. Está comprobado en los larguísimos estudios que se han hecho en Chile, que es el país que ha liberado la educación durante mucho más tiempo y mucho más extensión, que las decisiones que toman las familias para poner a sus hijos en los colegios, o los chicos a la hora de elegir una universidad, no tienen que ver con la información de la calidad de la universidad, sino con otras cosas que finalmente van a terminar reproduciendo aquello que no queremos, y que todos los informes educativos dan, que es la correlación tan directa entre el nivel socioecómico de las familias y los resultados de aprendizaje.

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