6 de junio de 2014

Descafeinización del racismo

Una reacción al artículo de Guillermo Rochabrún sobre el conversatorio de Paulo Drinot y Nelson Manrique “Racismo y desigualdad en la historia del Perú”. Específicamente sobre el penúltimo subtítulo "¿Racismo…? Ya quisieran".

Tengo un tremendo problema cuando alguien afirma "así se 'racea' en el Perú". Rochabrún dice: "En EE. UU. es muy nítido quién es un WASP y quién es un negro. Aquí en cambio puede quedar claro quién será discriminado, pero no cómo va a ser aquel que discrimine". ¿Dónde es aquí? ¿Aquí en una discoteca de Asia? ¿Aquí en el Jirón de la Unión? ¿Aquí en Cajacay? ¿Por qué explicar de manera totalizante la ejecución de un sistema de dominación de naturaleza intersubjetiva en un determinado territorio demarcado por límites políticos producto de contingencias históricas? La ejecución de racismo (que no es lo mismo decir sus consecuencias) en interacciones interpersonales (que no es igual a la ejecución de racismo en medios masivos) debería ser estudiada situacionalmente, en los discursos que se elaboran en el acontecimiento.

La idea tan popular (casi un lugar común) de que ahora vivimos un "racismo diluido", que en realidad no es racismo sino "clasismo racializado", es tremendamente beneficiosa para quienes realmente discriminan por rasgos físicos, quienes por lo general pertenecen a las élites económicas blancas. Invisibiliza problemas aún no resueltos. Incluso Rochabrún propone abandonar la palabra 'racismo' y quedarnos solo con 'discriminación', algo que claramente le presta poca atención a lo que él llama 'discriminación racial' (nótese como no dice racismo) que afirma que ocurre en lugares selectos y en el campo laboral (ver subtítulo De las relaciones de producción y dominación a las relaciones interpersonales). En el discurso popular esta concepción del "racismo diluido" normalmente va de la mano con la ilusión de una salida: uno puede dejar de ser raceado cuando escala económicamente. La fantasía liberal perfecta, la otra cara del relativamente reciente optimismo nacional: cualquier individuo puede lograr el éxito. Esto se contrapone a lo que el racismo significa para el individuo realmente 'raceado': su lugar en la sociedad está determinado por su cuerpo y no existe salida para esto. Como bien dice Rochabrún en su adenda: nosotros somos cuerpo.

Perder de vista las situaciones por la pretensión de encajar determinado acontecimiento en una gran explicación de como se ejecuta el racismo en todo el Perú me parece, por lo menos, problemático. Puedo aceptar esta explicación de "clasismo racializado" para un contexto específico (que creo que es el de la nueva clase media urbana post-migraciones) pero definitivamente no para todas las interacciones que ocurren en diferentes contextos que existen en el país. La réplica a esto podría ser "¿acaso esta explicación no abarca a una gran parte de la población peruana?". Probablemente, pero no es total, no alcanza para decir "así se 'racea' en el Perú", deja cabos sueltos, cabos tan importantes como las élites. Ante un caso de denuncia de racismo no nos extraviemos en las posteriores enunciaciones de lugares comunes, centrémonos en el evento, en la consumación del acto.

3 comentarios:

  1. ¿Por qué el “racismo” en el Perú debería ser estudiado situacionalmente, si no fuera porque es situacional? (Plantear que es estratégico es una forma de decir algo muy parecido.) Ahora bien, decir que es situacional es hacer una afirmación genérica, lo cual no está reñido para nada con hacer un examen caso por caso.

    ¿Pero equivale ese “racismo” a las relaciones de dominación vigentes? Me parece que no; cada uno es mucho menos y mucho más que el otro; son dos círculos que sólo se intersectan parcialmente. ¿Pero es este sistema de dominación de naturaleza intersubjetiva? Que tenga una dimensión intersubjetiva, como todo, no equivale a reducirlo a esa dimensión.

    Pero en cualquier caso mi artículo propone es que la dimensión racial de las divisiones sociales en el Perú ha experimentado una muy larga y drástica evolución. Hoy es una estrategia; no mucho tiempo atrás difícilmente lo hubiese sido.
    Guillermo Rochabrún

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    1. Estoy de acuerdo con la idea de que el racismo ha cambiado en las últimas décadas (a eso iba mi referencia al contexto de la nueva clase media urbana post-migraciones). Sin embargo, creo ese cambio no se ha dado en todos los niveles de la sociedad.
      Precisamente hay que ver la ejecución del racismo en interacciones interpersonales como sistema de dominación en este contexto: probablemente gran parte de la clase media se enfrenta a un tipo de discrimación con más carga de clase que racial en sus interacciones cotidianas; sin embargo, en interacciones en las que tienen que tratar con individuos que pertenecen, o actúan en nombre de otro nivel social, probabablemente se enfrentan a una discriminación con una mayor carga racial. Hacer estas distinciones situacionales y estudiarlas me parece importante.
      Quisiera resaltar que aquí me refiero específicamente a las interacciones entre individuos (por eso puede parecer que estoy reduciendo el racismo a la dimensión intersubjetiva) y no a relaciones de dominación de "mayor jerarquía" (por llamarlas de alguna manera). Es claro que el racismo por si solo no explica todas las relaciones de dominación vigentes en la sociedad. Sin embargo, tampoco habría que subestimar su presencia en ámbitos fuera de las interacciones interpersonales, por ejemplo, en los medios masivos, los cuales cumplen un papel importante en la (re)producción simbólica de relaciones de dominación.

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    2. Muy bien. Esta es una excelente base para investigar más certeramente el problema. Lo que menos voy a pretender es subestimar la obvia presencia de situaciones de discriminación o conflicto "racial". Mi interés está en discutir de qué se trata, y de qué no se trata. La diferencia que has trazado apunta a TIPOS de situaciones, y los distintos TIEMPOS que pueden habitar; el espacio de los medios masivos es uno de ellos, y el de la familia es otro que es igualmente vital.

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