7 de julio de 2014

La automutilación del Estado


 
"Ad Nauseam" - Jeremy Jarvis

Recientemente el poder ejecutivo propuso un paquete de medidas para impulsar el crecimiento económico. El paquete incluye un conjunto de recortes de competencias de distintas instituciones públicas, como la eliminación estudios de impacto vial de construcciones o la imposición de sanciones ambientales. Sin embargo, esto no es un caso aislado. A lo largo de este gobierno se ha hecho común las medidas del "destrabe" y su retórica. Esta corriente proviene de las llamadas "islas de eficiencia", como Indecopi y el Ministerio de Economía y Finanzas, las cuales dirigen estas medidas a otras instituciones estatales que consideran menos eficientes en la “promoción del mercado” (por ejemplo, pueden ver este informe de Indecopi sobre la eliminación de trabas burocráticas, muchas de las cuales son levantamientos de sanciones impuestas a empresas de transporte público).

Una de las características fundamentales del llamado Estado neoliberal es asegurar las condiciones para la existencia del mercado a través del marco legal y la regulación adecuada. El Estado cumple su función en tanto "da confianza a los inversionistas", "promueve la inversión", "asegura la economía de mercado", y tantas otras fórmulas enunciativas que normalmente escuchamos o leemos en los medios. Esto es llevado al punto que cuestiones como la educación, el transporte o la salud son planteados en términos de oferta y demanda.

No obstante, me parece que aproximarse al comportamiento del Estado neoliberal en estos términos omite un aspecto fundamental para comprenderlo: el Estado, en pos de asegurar la existencia del mercado, no solo crea un marco legal, sino que, al hacerlo, se mutila a si mismo. El reciente "paquetazo" lo demuestra. El Estado, ante cualquier "amenaza" al mercado (en este caso fue la desaceleración de la economía), está dispuesto a mutilar sus propias capacidades de percepción y, por lo tanto, su capacidad de ejercer poder. Si es que notamos el deseo de poder de una entidad en cuanto más desarrolla sus capacidades de conocimiento, entonces podemos concluir que el deseo de poder del Estado está sometido al capital.

Lo más llamativo de esta renuncia al poder es que parece ser que el gobierno se enorgullece de esta: las medidas son celebradas por los miembros del gobierno cada vez que tienen una oportunidad en medios. Este enorgullecimiento por la pérdida de poder (en este caso, la pérdida de capacidades) es similar a lo que Zizek llama el movimiento de castración:
Aquí podemos encontrar un claro parecido entre dos modelos económicamente distintos. Mientras algunos comunistas en Cuba se enorgullecen por la decadencia de infraestructura causada por su fidelidad a la revolución, aquí los neoliberales se enorgullecen por la decadencia de las capacidades del Estado causada por su fidelidad al capital. Tanto la revolución como el mercado funcionan como un significante amo.

Creo que esto sucede debido a algo que he tratado anteriormente: esto es lo que Latour llamaría cruces ilegítimos de modos de existencia. Una entidad es capturada en un modo ajeno a su funcionamiento. En este caso, el Estado, al estar capturado en la lógica del capitalismo neoliberal, no solamente se automutila, sino que desea hacerlo y lo goza, todo en nombre del mercado. Esto no es algo que solamente sucede aquí, sino que ocurre en otros Estados: casos como los intentos por salir de la crisis del 2008 y el endeudamiento de los Estados de la OCDE lo ejemplifican muy bien. Probablemente lo único que nos queda es presenciar el perverso espectáculo del Estado deseando su propio sometimiento en pos de la reproducción del capital.

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