17 de septiembre de 2014

Belm-ontología

Cita de "Entre viejos patrones y nuevos gerentes" de Alex Patiño-Patroni en "Sombras coloniales y globalización en el Perú de hoy" de Gonzalo Portocarrero (Ed.), 2013 (p. 169 y 170):

La pertinencia de presentar a un personaje claramente minimizado y con poca injerencia en la opinión pública, como [Alfredo] Gonzales, quien desde su partida de la política ha perdido figuración mediática, se debe a que ello me permite introducir un abanico de personajes que operan en la cotidianidad y la opinión pública, solicitando restauraciones conservadoras para el tejido sociopolítico o, por el contrario, alimentando el cinismo anómico de nuestra cultura. Gonzales funciona como el medio para expresar a una especie social caracterizada por cierta chabacanería transgresora, acompañada siempre de un fuerte componente libidinoso y poseedor, que a su vez despliega una prepotencia moral y epistemológica. Gonzales integra una vitrina obscena de figuras sociales en las que pueden estar desde Augusto Ferrando, Ricardo Belmont, los hermanos Químper y el cardenal Cipriani, hasta Aldo Mariátegui.

[...]

Belmont, quien siempre ha disfrutado del narcisismo que otorga el primer plano de las cámara, hoy en día intenta repotenciar su lejano protagonismo desde una típica cruzada personalista en su fallido canal de accionariado difundido (RBC), en donde a mediados de la década de 1980 recibió pequeñas inversiones de miles de personas de la clase media popular, para finalmente no poder cumplir con sus promesas distributivas. Este hecho, lejos de quitarle legitimidad social, disminuyó con su regreso mediático y su protagonismo político -Belmont accedió al último congreso como accesitario del fallecido Alberto Andrade-. Su canal siempre ha estado integrado por clientelas muy disciplinadas de seguidores y por ciertas camarillas de amigos y subordinados que dirigen operativamente la programación. Adaptando sus intereses a la realidad política del momento, sus últimas intervenciones han pasado por la restauración conservadora a la que me he referido. Por ejemplo, desde su recordado programa «A corazón abierto», en compañía del sacerdote Guillermo Oviedo y con el espaldarazo permanente del cardenal Cipriani -amigos de la infancia los tres, educados en el colegio Santa María-, el hermanón realizada severos diagnósticos sobre el estado de la pareja, la familia y el ser humano, dictando sentencia a favor del regreso de la tradición, afianzada en el re-disciplinamiento del sujeto en los valores cristianos y la verdad de Dios.

Esta última cruzada discursiva se concretizó en su pelea pública desde el Congreso y la plataforma de su canal para promover el Proyecto de Ley N°3621-2009, en donde se proponía sancionar penalmente a los directores de medios de comunicación en los que se difundiera contenido obsceno o ponográfico: «Sancionar penalmente la exhibición de imágenes sexuales o los mensajes sexuales aberrante que inciten a conductas desviadas [...] ya que son contrarios a la moral y a las buenas costumbres» (Congreso de la República, 2009). De hecho posteriormente su apoyo a la candidatura de Humala se asento en su confianza en que el carisma patriótico-militar pudiese aportar al enderezamiento moral de la sociedad peruana.

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