20 de abril de 2015

¿Por qué solo podemos resistir?: Sobre la complejidad de la horizontalidad


Este es un comentario sobre dos artículos del último número de Argumentos: “Las “zonas” o la inesperada virtud de la anarquía” de Luis García y Jorge Vela, y “Eficiencia económica y malestar social" de José María Rentería, así como de mesa de discusión “Lo que nos dejó la Ley “Pulpín”: preocupaciones laborales y politización de los jóvenes”.


¿Por qué los tecnócratas pueden proponer y sus oponentes del momento solo pueden reaccionar? La obvia (y sencilla) respuesta a esta pregunta es porque los primeros son parte del gobierno y los segundos no, con todas las relaciones de poder que esto implica.

Mi intención en este comentario es ir un poco más allá. ¿Qué accionar permite "ser parte del gobierno"? Y por otro lado, ¿qué accionar permite no estarlo? Respecto a la segunda pregunta el artículo de García y Vela sobre las Zonas ofrece una buena respuesta: organizaciones horizontales de resistencia permiten ejecutar acciones imprevistas y novedosas que, al menos en esta ocasión, contribuyen a su éxito. Por un lado la imprevisibilidad sorprende y dificulta (en mayor o menor medida) la respuesta de los oponentes de la organización. Por otro lado, la novedad facilita la exposición mediática de las acciones de protesta de la organización. El logro del objetivo (finalmente se derogó la Ley Pulpín) probaría, contra el sentido común, que cierta grado de desjerarquización en una organización puede ser un factor que contribuye a la consecución de un objetivo concreto.

¿Qué accionar permite ser parte del gobierno? Acá me interesa tratar el penúltimo subtitulo del artículo de Rentería. Él sugiere que el accionar de los tecnócratas puede deberse a dos factores: "por un lado, podría tratarse de una ingenua desconexión entre el razonamiento de los tecnócratas y la vida real en su afán por buscar el “bien común”, aunque por otro, una estrategia deliberada que responde a sus intereses". En lo que sigue del texto, Rentería se inclina más por lo segundo, incluyendo citas de distintos autores que hacen hincapié en el "pensamiento" de los tecnócratas. Si bien creo que las motivaciones internas de los individuos son un elemento importante para explicar su accionar, no creo que sea suficiente y tampoco el más determinante. Cabe señalar que el principal objetivo del artículo de Rentería no es explicar el funcionamiento de la tecnocracia, sino las discordancias entre las condiciones en las que se daba la ley y sus justificaciones, a diferencia del artículo de García y Vela, el cual si se concentraba en explicar el funcionamiento de las Zonas.

El punto central del asunto es la diferencia entre las explicaciones elegidas sobre el accionar de cada parte: por un lado, los integrantes de las Zonas desarrollan sus acciones (por ejemplo, el plantón en la CONFIEP, la marcha a Miraflores) debido a su forma de organización (énfasis en la participación, horizontalidad), mientras que los tecnócratas desarrollan sus acciones (la creación de instrumentos de gobierno) debido a motivaciones internas (“pensamiento”, “razonamiento”, “intereses”). Grosso modo, por un lado tenemos individuos cuyo accionar se debe, en cierta medida, a la estructura de su organización, y, por otro tenemos, individuos que parecen estar libres de cualquier condicionamiento, con un alto grado de agencia.

Una salida de esta suerte de doble estándar es “concederle” el mismo grado de motivaciones internas a quienes forman parte de las organizaciones de resistencia. Probablemente esta sea una salida que le interese a quienes quieren observar y estudiar a los actores específicos (p.e. voceros) dentro de estas organizaciones. No obstante, quisiera proponer lo contrario: ¿qué tal si en lugar de buscar las motivaciones internas de quienes resisten observamos los condicionamientos de la organización de los tecnócratas? Si la idea de “alternancia sin alternativa” es correcta, entonces creo que no deberíamos estar fijándonos tanto en los “intereses” de los tecnócratas, sino en la organización de la capa de tecnocrática que describe Alberto Vergara. Hablemos de la organización de la tecnocracia en lugar de intereses de tecnócratas.

Para tratar a la tecnocracia en términos similares a las Zonas establezcamos una rápida comparación a partir de dos puntos que considero cruciales. En primer lugar, mientras la organización de las Zonas requiere principalmente que sus integrantes participen, la organización de la tecnocracia requiere principalmente que sus integrantes ejecuten. En segundo lugar, mientras que la organización de las Zonas trata de abarcar las acciones de sus integrantes (horizontalidad), la organización de la tecnocracia trata de secuenciar las acciones de sus integrantes (verticalidad).

Comparación entre Zonas y tecnocracia


Zonas
Tecnocracia
Requiere de sus integrantes
Participación
Ejecución
Comportamiento de la organización sobre las acciones de sus integrantes
Abarca
Secuencia

Con esta diferenciación no quiero decir que, por ejemplo, la tecnocracia no requiera la participación de sus integrantes (claramente los instrumentos de gobierno no se escriben solos), o que las Zonas no requieran secuenciar las acciones de sus integrantes (como mencionan García y Vela, la toma de decisiones en las Zonas implicaba un proceso que iba desde las bases hasta las asambleas interzonales). Más bien quiero llamar la atención sobre cuales son las características que tienen mayor prevalencia en las organizaciones.

En este punto creo que es útil remitirnos a los conceptos de complejidad y complicación de Bruno Latour. Para Latour, los tipos de sociedad que existen se pueden distinguir a partir del grado de complejidad de sus relaciones, así como al grado de complicación que establecen para enfrentar esta complejidad. En "Redefining the Social Link - from Baboons to Humans" (1987), Latour define complejidad como: “to simultaneously embrace a multitude of objects”, y complicación como: “something is complicated when it is made of a succession of simple operations”. Para Latour, el paso de la complejidad a la complicación significa la simplificación de interacciones sociales que de otra manera serían muy complejas, ya que implicarían tener en cuenta simultáneamente demasiados factores. La complicación permite ordenar estos factores mediante el uso de recursos materiales y símbolos, los cuales son utilizados para hacer cumplir y reforzar una visión específica de “lo que es la sociedad”. La complicación mediante el uso de recursos extrasomáticos implica constancia y secuencialidad del orden, lo cual permite el surgimiento de organizaciones de mayor estabilidad y escala:

“By holding a variety of factors constant and sequentially negotiating one variable at a time, a stable complicated structure is created. Through extra-somatic resources employed in the process of social complication, units like multinational corporations, states and nations can be constituted.”

Latour ilustra el grado de complejidad y la complicación en los distintos tipos de sociedades a través de este gráfico [N. de R.: creo que el eje vertical debería decir algo como “Ability to organize others on a large scale in a stable way"]:

Fuente: Latour, B. y Strum, S.S. (1987). "Redefining the Social Link -  from Baboons to Humans", p. 783.

Ahora, si aplicamos estos dos conceptos a la comparación de las Zonas y la tecnocracia creo que obtendríamos el siguiente gráfico:


Por un lado tenemos a la tecnocracia, en la cual el grado de complejidad es bajo y el de complicación es alto. La tecnocracia utiliza una serie de recursos materiales y símbolos (sistemas administrativos, softwares, marcos normativos, formularios, etc.) para hacer cumplir y reforzar su visión de cómo debe ser la sociedad. El uso de estos elementos le permite que la capa tecnocrática tenga estabilidad (por más de 20 años) y una escala lo suficientemente extensa como para cubrir puestos claves en el Estado. Por otro lado, tenemos a las Zonas (o, en general, a cualquier organización horizontal de resistencia), las cuales también utilizan recursos materiales y símbolos (social media, comunicados, acuerdos) aunque estos recursos no son creados específicamente para los fines de esta organización, por lo que su uso es “limitado” (en comparación a los recursos utilizados por la tecnocracia, los cuales si son creados específicamente para los fines de la organización). Esta limitación del uso de los recursos a su vez refuerza la tendencia a la complejidad de la organización, ya que esta no puede delegar la regulación de ciertas interacciones a estos recursos. Es precisamente por esta falta de delegación material y simbólica que estas organizaciones pierden tanto en estabilidad y escala fuera de coyunturas críticas.

Las estrategias empleadas por estas organizaciones horizontales son lo que Nick Srnicek llama "Folk Politics". Al igual que García y Vela, Srnicek reconoce la eficacia de este tipo de estrategias para cierto tipos de obtjetivos pero la cuestiona como adecuada para enfrentar la complejidad del capitalismo:

"... FP [Folk Politics] is only a problem for a particular kind of politics (namely large-scale collective mobilization against capitalist structures of power), though it can be sufficient for other smaller scale projects, such as daily battles against evictions and foreclosures. While the emergence of FP as a mode of political common sense among the left can be seen as a reasonable response to the failures of actually existing communism and the social democratic left in Europe, it’s strategies of horizontalism, localism, and direct action are incapable of addressing the global complexities of contemporary capitalism."

Con este argumento, Srnicek responde a quienes lo acusan de proponer una aproximación tecnocrática a la política y desconectada de movimientos locales en su Manifiesto Aceleracionista (coescrito con Alex Williams). Por el contrario, Srnicek propone la integración de estos movimientos en pos de un desarrollo sociotécnico, es decir, precisamente el desarrollo de recursos materiales y símbolos. No obstante, Srnicek propone que este desarrollo no sea determinado por una elite, sino que tenga un fin abierto, que "navegue" entre una visión como debe ser la sociedad y las demandas que emergen, una dicotomía que Srnicek considera falsa, en tanto el patrón emergencia espontánea de estas demandas constituyen finalmente cómo creemos que debe ser la sociedad:

"Accelerationism as a political strategy therefore aims to integrate various local movements into a global strategy aimed at the development of socio-technical hegemony. Rather than dismissing hegemonic ambitions as inherently corrupt or instrumentalizing, Nick argues that to give up on them is basically to give up on political struggle. What is needed however is not a complete blueprint or teleology that would be imposed on local movements by an accelerationist avant-garde, which Nick and Alex have often been accused of supporting, but rather an open-ended strategy that navigates between the false dichotomy of teleology and emergent spontaneity."

Durante discusión de la mesa surgió una pregunta: ¿qué es lo que hace que una coyuntura sea crítica? Es decir, ¿qué es lo que hace que surja una organización horizontal de resistencia? Una de las respuestas propuestas, con la cual estoy de acuerdo, fue que la Ley Pulpin “se metió directamente con las personas”, lo cual generó un discurso que “pegó” y provocó la reacción de distintos grupos que finalmente confluyeron en las Zonas. Esta respuesta creo que a su vez plantea nuevas preguntas: ¿Por qué las zonas no han logrado movilizar la misma cantidad de gente nuevamente? ¿Cómo hacer sentir a los individuos que existen un sin número de acciones del Estado y actores privados que “se meten directamente con ellos”? ¿Cómo hacer que algo “pegue” nuevamente?

A riesgo de decir algo obvio, creo que nada está tan politizado como las remuneraciones y beneficios laborales de las personas, lo cual está bien pero es limitado. Un primer paso sería encontrar el modo de lograr que otros asuntos tan inmediatos y tangibles como el transporte, la seguridad, el medioambiente, la salud o la educación también sean politizados en lugar de ser dejados en manos de expertos, algo que se cuestiona en el aspecto económico pero no tanto en estos otros ámbitos (¿o acaso solo el MEF tiene una capa tecnocrática?). ¿Qué discursos pueden politizar estos asuntos y hacerlos “pegar”? Un paso segundo paso, más trascendente, sería iniciar un desarrollo sociotécnico, es decir, de recursos materiales y símbolos, que permita la constitución de estructuras estables y escalables que permitan complicar la complejidad de la realidad a fin de poder responder a ella de manera constante. Como nos recuerda Srnicek, nuestro objetivo no debe ser solo una sociedad con mayor igualdad y justicia, sino también más racional, eficiente y productiva. Renunciar a esto es simplemente resistir, y resistir es rendirse.

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