15 de diciembre de 2016

Nunca se trató de la verdad

"Posverdad" ha sido, durante las últimas semanas, la palabra de moda entre los comentaristas mediáticos. Utilizada en los contextos de las elecciones estadounidenses y el referéndum de salida del Reino Unido de la Unión Europea, la palabra ha sido adoptada en el debate sobre la política local, básicamente para describir declaraciones falsas de políticos o situaciones desencadenadas por creencias no necesariamente reales. El objetivo de este post es discutir brevemente los fundamentos sobre los que descansa la "posverdad": la concepción de verdad en el debate mediático basado en premisas liberales, así como enfocar la atención a las instancias de producción y consumo de información para poder aprehender este fenómeno de una mejor manera.

Los más alarmados y preocupados con la "posverdad" parecen ser los comentaristas que tienen una concepción "liberal naive" de los medios. Bajo esta concepción, los medios funcionan, a grandes rasgos, de la siguiente manera: ocurre un acontecimiento, los medios recogen la información del acontecimiento y la difunden entre los individuos (a pesar de que declaren que obviamente los medios no funcionan así, actúan como si efectivamente lo hicieran, irónicamente encajando en la definición de ideología de Žižek). En este modelo la "posverdad" sería problemática debido a que los medios no estarían difundiendo la información del acontecimiento "tal como sucedió", sino que están modificándola al punto de que no guarda correspondencia con el acontecimiento. Aquí hay que tener cuidado con la crítica relativista que cuestiona que efectivamente se puede hablar de una correspondencia entre la información y el acontecimiento. Si bien nunca se puede informar sobre el acontecimiento "tal y como sucedió", existe una convención sobre cuanta edición se puede realizar en la labor de mediación sin quebrantar el efecto de verdad. Es el procedimiento el cual hace que finalmente una información sea lo suficientemente real. Esta convención sobre la "editabilidad" del acontecimiento, no obstante, está marcada por las relaciones de poder de los actores que participan en el acontecimiento: es así como la información difundida sobre grupos marginales o estigmatizados es normalmente más suceptible a ser distorsionada. Es precisamente por esto que las élites tecnocráticas y sus seguidores encuentran esto más allá de su comprensión: ¿cómo es posible que se distorsione a la élite? Esta distorsión es tan incomprensible para ellos que tuvieron que inventar una palabra para explicarla.

Pero ¿por qué esto afecta particularmente a la tecnocracia y a quienes son afines a ella? Esta pregunta nos lleva a la concepción de verdad. Dentro de la marco liberal del debate mediático, los tecnócratas y los científicos sociales son los productores de la verdad. Ellos son quienes, a través de distintas metodologías científicas producen los datos sobre la realidad social, datos sobre los cuales después los medios elaboran información. No obstante, en un escenario en el que los medios mainstream (no solo cuentas de social media de procedencia cuestionable) difunden información a un ritmo cada vez más acelerado, de manera casi prefabricada y sobresimplificada, la información se devalúa, Rápidamente su confiabilidad es cuestionada y pierde la principal cualidad que debería distinguirla de "medios alternativos" (en este sentido es una confiabilidad relacionista más que relativista, debido que la información de un medios es confiable en relación la información de otro medio). ¿Por qué, si los medios mainstream informan y normalizan lo que sucede en social media, uno no puede informarse directamente de ahí? El mismo afán de inmediatez por el cual los medios recurren a distintas plataformas de social media termina tornándose en su contra. Cuando los medios mainstream tratan de advertir acerca de los aspectos inconvenientes de informarse a través de las mismas plataformas que ellos promueven ya es demasiado tarde.

A partir de la definición problemática de "posverdad", los comentaristas concluyen que el problema se debe a que ahora gran parte de los individuos se informan a través de social media, lo cual generaría "burbujas de filtro": plataformas como Facebook o Twitter permiten armar un feed de información personalizado que lo usuarios estructuran de tal manera que solo se enteran de noticias que refuerzan sus creencias. La primera pregunta que esta idea nos obliga a plantearnos: ¿cuándo, en la historia reciente, esto no ha sido así? ¿Ha sido a partir del 2016 que los individuos han comenzado a informarse preferentemente con lo que es afín a su ideología? ¿No? ¿A partir del 2015? ¿2010? ¿2000? Lo que los entusiastas del concepto de posverdad deberían responder es por qué consumir información  distorsionada por afinidad ideológica hace una década no es "posverdad" y ahora sí lo es. En segundo lugar, el problema de la metáfora de la burbuja es que suele trasladar la responsabilidad a los individuos, como si se tratara de un asunto solo de consumidores: escapar de la burbuja implicaría que este mismo consumidor de información seleccione noticias que no son acordes a sus creencias, de modo tal que tenga un feed "balanceado" Esto, como podemos intuir, es poco probable que suceda, debido a que 1) lo que uno quiere creer no es tanto un conjunto de cosas concretas, sino actidudes frente a distintas temáticas; y, en consecuencia, 2) leer contenido con el que uno no está de acuerdo no cancela o anula las creencias previamente sostenidas llegando a una suma cero en la que el individuo considera "ambas versiones" para luego tomar una posición en base a los "hechos verdaderos" que haya podido discernir.

Para abordar lo que el concepto de "posverdad" trata de explicar se necesita una entendimiento más complejo de la información mediada y su cualidad de verdad. Regresando a la concepción liberal de los medios, que tiene como ideal una correspondencia total entre el dato recogido, lo transmitido y lo interpretado, una manera alternativa de comprender la circulación de la información se cuestionaría qué es la información en cada instancia: ¿es realmente un "dato duro" desde que es recogida hasta que llega al individuo o cambia su naturaleza a medida que recorre cada instancia? Lo que para un científico social es un "dato duro", para el periodista es el testimonio de un experto, para el individuo es el discurso de un medio y, finalmente, una creencia compartida para una audiencia. Entender esto es clave debido a que, en primer lugar, nos ayuda a evitar soluciones como intensificar la difusión de datos duros o la sobresimplificación de los mismos, acciones que en primer lugar permitieron la devaluación de la confiabilidad relacional de la información de los medios mainstream. En segundo lugar, y finalmente, nos permite comprender las distintas instancias de producción y consumo mediático en las que la información debe ser disputada. Para comprender la "posverdad" (o mejor dicho, el consumo información de acuerdo a la ideología) no debemos quedarnos en juicios moralizadores que tratan de ignorantes a quienes creen información distorsionada o de perversos a quienes la producen, sino debemos buscar los patrones que permiten que la información parezca coherente por su paso entre distintas instancias.

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