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21 de octubre de 2014

San Isidro y el poder de la representación


En el último proceso electoral los comicios de San Isidro ocuparon la atención de los medios limeños. Si bien se puede justificar esta presencia por su posición geográfica (y su lógica importancia en el sistema vial de la ciudad), creo que el copamiento de los sucesos políticos en San Isidro en el debate público limeño tiene que ver con la posición de poder que tienen los habitantes de ese distrito.

Ahora bien, no quiero que mi crítica se entienda mal. En cierta medida la presencia mediática de la escena política de San Isidro ayuda a poner atención sobre el proyecto de ciudad que tiene la clase dominante, mostrando puntos criticables (por ejemplo, ver esta entrevista al ahora electo alcalde del distrito). No obstante, creo que la cobertura de las elecciones de este distrito ha excedido el debate crítico y atención correspondiente a un distrito céntrico de la ciudad. Más bien creo que la presencia que ha tenido en los medios es como si afectara la vida de todos los ciudadanos de Lima por igual.

Es precisamente en esta "sobrecobertura" en la cual se nota el poder que tiene la clase dominante en los medios. Acá me estoy refiriendo a dos conceptos de poder de distintos autores pero que creo que están relacionados:

1) En un sentido amplio, Levi Bryant define poder como la reducción de la entropia de las relaciones sociales. Ejercer poder, en esta definición, podría entenderse como la capacidad de "conducir" o "encauzar" las relaciones entre distintos actores, instituciones, recursos y objetos en general.

2) Similarmente, Teun Van Dijk define poder como el control del acceso. Ejercer poder es la capacidad de acceder, y permitir o denegar el acceso a diferentes posiciones en la sociedad. De esta manera, Van Dijk define el poder sobre el discurso como la capacidad de acceder y/o dar acceso al discurso público. En este sentido, el poder del discurso no solo significa, por ejemplo, tener presencia en las noticias, sino también, estar en el mismo proceso de producción de las noticias: desde el narrador del noticiero hasta el presidente de la corporación mediática, pasando por los ejecutivos y abogados del canal (algo que parecen olvidar quienes se dedican solamente a aspectos semiopoliticos).

Aplicando estos dos conceptos podemos ver como es que los medios conducen sus recursos para dar tiempo en radio y TV, y espacio en medios escritos de una manera que excede el peso real de San Isidro (población, ubicación geográfica). Ese exceso, que podríamos llamar exceso de representación simbólica, es finalmente puesto en escena por lo que Van Dijk llama élites simbólicas y Charaudeau llama logócratas: presentadores, comentaristas, expertos; aunque estos solo son la parte final de la máquina de producción de mediática descrita anteriormente.

La consecuencia más preocupante de esta sobrecobertura de estos distritos privilegiados es la invisibilizacion y enmarcamiento negativo de otras zonas de población con menos poder: quienes no pertencen al sector dominante por lo general obtienen menos acceso al discurso público y, cuando lo tienen, suelen ser presentados negativamente. Por ejemplo, mientras que durante la campaña los medios se dedicaron a cubrir las propuestas de los candidatos sanisidrinos, la principal noticia que reportaron sobre las elecciones en San Martin de Porres - un distrito con más de 400 mil electores hábiles y una ubicación geográfica importante (conecta Callao, Lima Centro y Lima Norte) - fue el reclamo de algunos militantes al día siguiente de los comicios.

Para finalizar creo que actualmente hace falta prestarle más atención a la representación mediática de los sectores con poder político y económico. Si bien últimamente hay un cierto ánimo crítico hacia los medios masivos, creo que equivocadamente se le presta mayor atención a lo más sencillo de criticar (i.e. contenidos de entretenimiento). Es fácil escribir un rant sobre lo malo que es un programa de concursos, pero no tanto hacer un estudio riguroso que exponga como los sectores poderosos (re)producen el discurso dominante.

30 de septiembre de 2014

Odio los explainers

Los explainers son los artículos (y otros tipos de contenidos, como videos) en los cuales se trata de explicar de manera rápida y sencilla un caso o problema actual (que los medios asumen como) complejo y que es necesario que su audiencia no solo los conozca, sino que sepa porque debe conocerlos.

Dejando de lado las principales críticas que se le hace a este tipo de contenido [1) al hacer explicaciones rápidas y sencillas suele sobresimplificar asuntos complejos; 2) no informa lo que sucede sino porque es importante lo que está informando que sucede, en este sentido no busca formar ciudadanos informados sino consumidores de su información (por lo que es común que estos contenidos sean presentados con titulares clickbait)], lo que me interesa ahora es el razonamiento de un individuo al momento de elaborar (periodista/creador de contenido) y compartir (audiencia) estos explainers. Mi interés se debe a la reciente proliferación de este tipo de contenidos en medios peruanos, en especial durante la actual campaña electoral limeña (por ejemplo: ver aquí y aquí).

Mi hipótesis es que estas explicaciones vienen con una trampa: el punto no es tanto explicar sino generar una división, quienes aceptan la explicación y quienes no lo hacen. Quienes aceptan la explicación son quienes probablemente ya pensaban como quien elaboró el contenido. En ese sentido, la explicación no hace más que reforzar sus creencias ("covencer a los convencidos"). Para los otros (los "no convencidos") cabe una serie de posibilidades:

1) Conoce la explicación del problema pero, a pesar de lo sencilla y didáctica que es, no la entiende. Quien actúa así es calificado como bruto. Esta persona es una víctima del problema pues se aprovechan de su brutalidad, aunque algunos pueden considerar que se lo merece por bruto.

2) No conoce la explicación del problema, por lo que es calificado como ignorante. Esta persona es una víctima del problema pues se aprovechan de su ignorancia, aunque algunos pueden considerar que se lo merece por no estar informado. No obstante, si conociera la explicación probablemente la aceptaría, debido a lo sencilla y didáctica que es, a no ser que se trate de un bruto.

3) Conoce la explicación del problema, la entiende pero la rechaza. Este es el peor de los tres. Quien actúa así es perverso. Esta persona se merece todas y cada una de las consecuencias que acarrea el problema explicado. Esta persona de ninguna manera es una víctima, es un cómplice, es parte del problema.

La consecuencia de esta división es una actitud de superioridad por parte de quienes si aceptan la explicación. Esta tiende a ser expresada a través de dos tipos de acciones:
a) Despotricando contra los otros.
b) Tratando de cambiar a los otros mediante otro discurso (que por lo general se trata de la repetición y/o intensificación del primer discurso, es decir, la explicación). Posteriormente, cuando estos nuevos esfuerzos fracasan, tienden adoptar las acciones de a).

Ciertamente hay mucho más por desarrollar en este asunto, como el enfoque excesivo en lo que Bryant llama la semiopolitica, es decir, en el análisis y difusión de discursos como el principal método de hacer política (una clara muestra de esto es como en uno de los vídeos el narrador afirma que él "ya cumplió" con hacer el video e insta a compartirlo para que se difunda el mensaje). Al final, resulta gracioso como es que quienes tratan de explicar con dibujitos probablemente necesiten una explicación con dibujitos sobre porque sus explicaciones no funcionan.