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12 de abril de 2017

¿Los cholos de quiénes?

Una reacción al artículo "No soy tu cholo" de Marco Avilés.

¿Por qué el artículo de Avilés tuvo tan buena recepción entre la élite progresista? Además de tener en cuenta que fue publicado en un medio digital con el cual son afines ideológicamente, creo que hay otro factor a considerar. Mi impresión es que el artículo de Avilés funciona como la proyección del documental sobre discriminación a afroamericanos que describe en su artículo: es un producto que conmueve a privilegiados. El título del artículo es "No soy tu cholo" pero precisamente esta recepción por parte de la élite progresista lo hace pertenecer a este grupo ideológico (o al menos lo coloca en una posición cercana). El cholo que realmente no es de ellos es el cholo al cual no comprenden, no el educado que es ideológicamente afín a ellos.

¿Cuál es este cholo incomprensible para las élites? Dependiendo de la posición de la élite, un cholo incomprensible puede ser aquel que se opone a un proyecto extractivista ("miren como se oponen al desarrollo" reclama la élite neoliberal) o aquel que vota por populistas ("miren como son comprados con tapers" reclama la élite progresista). Paradójicamente cada élite clama conocer al cholo de una manera distinta. La élite neoliberal dice conocer al cholo caracterizándolo a través de perfiles de consumo. La élite progresista dice conocer al cholo caracterizándolo a través de testimonios y discursos.

Textos como los de Avilés, de alguien que se presenta como cholo, son apreciados por la élite progresista precisamente porque le da sustento a los discursos que los integrantes de esta élite elaboran y les permite conocer, a través de un discurso, algo a lo cual no tendrían acceso de otra forma: lo vivido por los incomprensibles. No obstante, no hay que olvidar que este acceso está mediado precisamente por la afinidad ideológica que existe entre el individuo que ofrece el testimonio y los integrantes de esta élite. Tan solo imaginen por un momento que alguien "comprado por un taper" le dijera a la élite progresista: "no soy tu cholo".

8 de diciembre de 2014

"¿Eres invisibilizado? Déjame decirte cuanto me afecta"

La semana pasada hubo una denuncia de racismo contra Saga Falabella por las imágenes que mostraba uno de sus catálogos. Mi objetivo en este breve post no es hablar sobre si el catálogo es racista o no, sobre lo cual creo que se ha discutido suficiente, sino hablar sobre la discusión misma. Si he entendido bien las denuncias, su punto central es que invisibiliza a la mayoría de peruanos debido a que las personas que aparecen en el catálogo no tienen las características físicas que poseen la mayoría de peruanos. Hasta ahí todo bien. No obstante rápidamente la discusión comenzó a degenerarse y pasó a convertirse en un debate sobre publicidad. ¿Cómo ocurrió esto? ¿El problema no era la gente que no es representanda en la publicidad, es decir, un problema en una relación empresa-cliente (con las implicaciones que esto tiene)? ¿Por qué no darle voz a esta gente para que digan cómo se sienten? Es más, ¿por qué de pronto la discusión dejó de centrarse sobre la representación y pasó a ser sobre las prácticas de quienes trabajan en publicidad?

Con esto no quiero decir que no deba denunciarse las malas prácticas de la publicidad (las cuales son abundantes, no solo es el racismo), sin embargo, si precisamente el punto es que la publicidad invisibiliza a un sector de la población, ¿por qué no se le da voz en el debate? ¿Por qué cooptar un discusión sobre racismo y distorsionarla totalmente? Finalmente las personas a las que el muy preocupado indignado quiere defender son nuevamente invisibilizadas, esta vez por sus propias manos.

Esto no es nuevo ni ocurre solamente aquí (ver aquí, aquí y aquí), al contrario, es algo recurrente entre "liberales sensibles", quienes por algún motivo sienten la necesidad de ser el centro de la atención cada vez que ocurre un hecho que genera indignación, en lugar de promover la participación de los afectados, algo que podrían hacer debido a su acceso al discurso público. Hacer esto es mucho menos que exigirles que traten de cambiar las condiciones estructurales que propician actos de discriminación, sin embargo, parece que pedirles que dejen de lado sus posts/columnas/tuits y el ego boost de la aprobación de su círculo de contactos es aún demasiado para ellos. Existe un límite entre generar awareness y centrar la atención en el discurso (de uno mismo), y claramente ha sido sobrepasado.

6 de junio de 2014

Descafeinización del racismo

Una reacción al artículo de Guillermo Rochabrún sobre el conversatorio de Paulo Drinot y Nelson Manrique “Racismo y desigualdad en la historia del Perú”. Específicamente sobre el penúltimo subtítulo "¿Racismo…? Ya quisieran".

Tengo un tremendo problema cuando alguien afirma "así se 'racea' en el Perú". Rochabrún dice: "En EE. UU. es muy nítido quién es un WASP y quién es un negro. Aquí en cambio puede quedar claro quién será discriminado, pero no cómo va a ser aquel que discrimine". ¿Dónde es aquí? ¿Aquí en una discoteca de Asia? ¿Aquí en el Jirón de la Unión? ¿Aquí en Cajacay? ¿Por qué explicar de manera totalizante la ejecución de un sistema de dominación de naturaleza intersubjetiva en un determinado territorio demarcado por límites políticos producto de contingencias históricas? La ejecución de racismo (que no es lo mismo decir sus consecuencias) en interacciones interpersonales (que no es igual a la ejecución de racismo en medios masivos) debería ser estudiada situacionalmente, en los discursos que se elaboran en el acontecimiento.

La idea tan popular (casi un lugar común) de que ahora vivimos un "racismo diluido", que en realidad no es racismo sino "clasismo racializado", es tremendamente beneficiosa para quienes realmente discriminan por rasgos físicos, quienes por lo general pertenecen a las élites económicas blancas. Invisibiliza problemas aún no resueltos. Incluso Rochabrún propone abandonar la palabra 'racismo' y quedarnos solo con 'discriminación', algo que claramente le presta poca atención a lo que él llama 'discriminación racial' (nótese como no dice racismo) que afirma que ocurre en lugares selectos y en el campo laboral (ver subtítulo De las relaciones de producción y dominación a las relaciones interpersonales). En el discurso popular esta concepción del "racismo diluido" normalmente va de la mano con la ilusión de una salida: uno puede dejar de ser raceado cuando escala económicamente. La fantasía liberal perfecta, la otra cara del relativamente reciente optimismo nacional: cualquier individuo puede lograr el éxito. Esto se contrapone a lo que el racismo significa para el individuo realmente 'raceado': su lugar en la sociedad está determinado por su cuerpo y no existe salida para esto. Como bien dice Rochabrún en su adenda: nosotros somos cuerpo.

Perder de vista las situaciones por la pretensión de encajar determinado acontecimiento en una gran explicación de como se ejecuta el racismo en todo el Perú me parece, por lo menos, problemático. Puedo aceptar esta explicación de "clasismo racializado" para un contexto específico (que creo que es el de la nueva clase media urbana post-migraciones) pero definitivamente no para todas las interacciones que ocurren en diferentes contextos que existen en el país. La réplica a esto podría ser "¿acaso esta explicación no abarca a una gran parte de la población peruana?". Probablemente, pero no es total, no alcanza para decir "así se 'racea' en el Perú", deja cabos sueltos, cabos tan importantes como las élites. Ante un caso de denuncia de racismo no nos extraviemos en las posteriores enunciaciones de lugares comunes, centrémonos en el evento, en la consumación del acto.

28 de marzo de 2014

Apuntes rápidos sobre la Paisana Jacinta

En realidad estoy reciclando parte de un comentario que dejé el miércoles en el status de un contacto de Facebook que trataba sobre la reciente entrevista a Magaly Solier en Correo.

Lo que dice Solier sobre la actuación me parece clave aquí, ya que parece que intenta deconstruir al personaje en tanto ella, como actriz, sabe que es una actuación y, (¿por lo tanto?), arte. Sin embargo, no hay que ser actor/actriz para saber que es una actuación, para hacer esta deconstrucción. Todos lo hacen de una manera más o menos sofisticada. Todos sabemos que es un hombre vestido de paisana. Todos vemos detrás del vestido. A lo que quiero llegar es que no basta con saber eso, al contrario, el hecho de saber esto ayuda a establecer una distancia respecto al (¿intencionalmente?) fallido efecto de mimesis de la actuación de Benavides.
 
"Obviamente sabemos que es un hombre vestido de mujer, esto no es real por lo tanto nadie tendría razón de ofenderse". El hecho de saber que esto no es un intento de representación mimética de una mujer andina lleva al rechazo de quienes si sienten que es ofensivo. "¿Por qué ellos se ofenden si no es real? ¿Acaso no ven detrás del vestido? Obviamente ven detrás, entonces, ¿por qué la sensibilidad? Probablemente sea algo personal, una experiencia que perturbo su campo sensible y que lo hizo distinto al de todos nosotros que no nos ofendemos". Y aquí es cuando se pierde toda capacidad de ponerse en el lugar del Otro. Ponerse en el lugar del Otro implica no solo un ejercicio de empatía con un sujeto en un acontecimiento específico, sino la comprensión de la posición del sujeto en el funcionamiento de una sociedad, desde su posición de discriminado. Es fácil reirse de las ninguneadas que recibe Jacinta pero es condenable cuando alguien no es contratado por sus apellidos de origen andino o por sus rasgos en la foto de su CV limitando sus condiciones materiales en contraposición a otro con apellidos de origen europeo o rasgos "blancos". 
 
Precisamente las lecturas "flexibles" (lecturas que afirman que el personaje no es racista) del racismo en Jacinta surgen porque eso es algo inadmisible, indecible, salvo en situaciones específicas. Una gran mayoría puede coincidir en que la sociedad peruana es racista, pero en cuanto uno empieza a señalar racismo más le vale que sea en actos muy concretos (por ejemplo, la restricción de ingreso a un local), de no ser así, es inmediatamente tildado de hipersensible (cuando no resentido, acomplejado, etc.). El racismo está en todos lados y en ninguno a la vez porque nadie se atreve a enunciarlo. Desde una mirada normativa, todo racismo debe necesariamente estar en el campo de la experiencia, no de lo simbólico. Por eso creo que la denuncia debe seguir por el camino del racismo, porque el simple hecho de enunciarlo subvierte ya el orden simbólico del discurso dominante.