-Usted cree en el poder de los medios?
-Nah
-Y qué opina de la gestión pública?
-Bueno, yo creo que *repite todo lo que sale en los medios*
— Diego Cerna (@da_cerna) October 14, 2013
Empecemos con la siguiente
premisa: a los "liberales peruanos" no les gusta el Estado. Para
ellos, el Estado debe ser lo más pequeño posible y dedicarse a "lo que
debe hacer el Estado" aunque probablemente ni eso pueda hacer bien. Ahora
contextualicemos esta premisa: estamos en un país con una alta concentración
mediática, donde un grupo empresarial tiene un peso desproporcionado y ¡oh
casualidad! tienen una inclinación "liberal".
¿Por qué parto de esta premisa y
contexto? Si uno revisa la reciente cobertura mediática de Perú 21 y El
Comercio uno se puede percatar del alto contenido crítico contra el Estado (ver
las noticias sobre programas sociales en Perú 21 o EC). Si bien es cierto que
esto no es novedad (recordar el caso de La Pampilla), lo que si creo apreciar
es una agudización (luego del ingreso de Fritz Dubois a El Comercio, tan solo
vean las editoriales de los últimos meses).
Alguno seguramente pensará:
"bueno, no dices nada nuevo, además cada medio tiene derecho a tener su
línea. Por ultimo ahora hay medios alternativos como internet". Bueno,
pues, no. Los medios masivos (sobre todo como los del peso del grupo EC)
generan marcos interpretativos sobre determinadas temáticas. Ojo, no digo que
la gente se crea al pie de la letra lo que dicen los medios (por favor, esas personas que aún siguen refutando y/o peleándose con la "teoría
hipodérmica" deberían darse cuenta que estamos en el año 2013) pero si crea
ciertos sentidos comunes, especialmente en temas poco "polémicos" (es
más probable que en temas como racismo, homofobia, etc. el lector cuestione líneas
informativas de medios).
***
Hace unos meses Levi Bryant,
filósofo dedicado a la Ontología Orientada a los Objetos, escribió un post sobre las mentes aliens: básicamente su punto es que nosotros ya nos
encontramos diariamente con "inteligencia no-humana": las
instituciones. Estas funcionan en sus propios ciclos y tienen sus propios
aparatos perceptores. Más adelante el mismo Bryant escribió otro post en el que
habla sobre la visión de los académicos de humanidades sobre el mundo: según
Bryant, estos académicos tienden a ver la "realidad" en forma de
discursos y textos debido a 2 motivos. Primero, ellos trabajan con textos y
discursos todo el tiempo, por lo que resulta lógico que cualquier tema al cual
se enfrenten lo abordaran bajo ese esquema. En segundo lugar, y este me parece
el motivo más interesante, estos académicos se sienten gratificados al momento
de entender algún tema de esta manera debido a que es una forma de aproximación
a un objeto de estudio sobre la cual ellos tienen una expertise.
Ahora probablemente se
pregunte "¿qué tiene que ver la Ontología Orientada a los Objetos y la
critica a las humanidades con El Comercio y lo estatal?". El punto que
quiero hacer es el siguiente: al igual que los académicos de humanidades (según
Bryant) abordan un tema de acuerdo sus esquemas, creo que los "liberales
peruanos" hacen lo mismo: ellos abordan temas de gestión pública y asuntos
del Estado bajo los mismos esquemas que abordan temas de empresas, negocios,
emprendimientos, en resumen, bajo una lógica del Mercado (si, con mayúscula).
Esto no se debe solo a que es la manera en que tratan los temas en su campo
profesional, sino a que también se sienten gratificados al construirse la
figura del "experto" o "técnico", alguien con una voz
autorizada en el tema. Obviamente esta figura no la construye el sujeto solo,
sino que lo hace en su relación con el medio: el medio valida su línea
informativa con la opinión del "experto", así como el
"experto" se reafirma como tal en tanto se le da un espacio para
emitir su opinión "informada y técnica".
De esta manera se construye un
marco interpretativo en el que la lógica de lo público y lo estatal no se llega
a comprender: sus ciclos de funcionamiento y velocidades de percepción. Creo
que se da precisamente lo que dice Bryant: la inteligencia no-humana (en este
caso la inteligencia "no-liberal" o "no-de-mercado") no es
comprendida por la humana (en este caso la “liberal” o “de mercado”).
***
¿Por qué es importante esto y por
qué me interesa? Me preocupa que este paradigma del "liberalismo
peruano" sea cada vez más totalizante. Por ejemplo (y para no hablar de
casos extremos como la propuesta de la privatización de la administración policial), cada vez que un medio habla sobre la eficiencia de una municipalidad
provincial o distrital del interior de país siempre se habla de un porcentaje
de gasto, simplificando exageradamente cuestiones como los mecanismos de
control del gobierno central, relaciones de poder entre las autoridades y la
burocracia local, el acceso a la información, la heterogeneidad de los contextos
de las municipalidades, la estandarización de la normativa, el mercado laboral de
profesionales en gestión municipal, etc. No, nada de eso importa a la hora de
analizar el desempeño de estos gobiernos locales, lo importante es un
porcentaje sobre el cual un experto elabora una explicación corta que sustenta
la línea informativa del medio.
Antes de que alguien diga
"hey, pero estás haciendo lo que dice Bryant al ver todo como un
discurso". No. No dudo que algunos (énfasis importante) de los expertos
hayan realizado investigaciones serias sobre, por ejemplo, la gestión pública
municipal; sin embargo, el encuadre que se le da a su conocimiento en los
medios es sesgado. No digo que sus estudios sean "neutrales"
(sinceramente no creo haya alguien que piense eso), sino que finalmente sus declaraciones
son apropiadas por quienes (por lo general abogados y periodistas) no poseen su
nivel de conocimiento técnico y son repetidas sin mayor reflexión
transformándose en lugares comunes en vez de ayudar a enriquecer el debate
público. Finalmente tienes al "ciudadano de a pie" (ugh, odio usar
este término) leyendo en casi todos los diarios que sus autoridades más
cercanas (las locales) no funcionan para nada y a los mismos abogados y periodistas lamentándose
por el bajo grado de confianza en las instituciones públicas.
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