Mostrando entradas con la etiqueta algoritmos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta algoritmos. Mostrar todas las entradas

23 de mayo de 2016

Preocupaciones liberales y algoritmos

Creo que, a grandes rasgos, el mainstream del debate sobre algoritmos se pueden clasificar en dos áreas: 1) algoritmos relacionados a servicios o transacciones y 2) algoritmos en asuntos de seguridad. En el primer grupo entrarían las discusiones sobre servicios que utilizan algoritmos en sus modelos de negocio (por ejemplo, Google, Netflix, Facebook). En el segundo grupo estarían las discusiones sobre sistemas de seguridad nacional o internacional que utilizan algoritmos para su operación (por ejemplo, vigilancia de sujetos a partir de sus perfiles en social media o la identificación de amenazas “potenciales” para ataques de drones). Lo que tienen en común estas dos áreas es que parten de una preocupación liberal-individualista. Es decir, están enfocadas en como la libertad de un individuo puede ser afectada, ya sea por un Leviatán estatal (en el caso de la seguridad) o un Leviatán corporativo (en el caso de los servicios o transacciones). Esta preocupación parte de una concepción liberal tanto del Estado como del Mercado. Es decir, se conciben como un “desenmascaramiento” de prácticas que contravienen valores como la libertad y la neutralidad. Ejemplos de esto son las revelaciones de que Facebook no es simplemente una plataforma que muestra lo más popular sin intervención humana alguna (algo de por si contradictorio en sí mismo) o que los políticos autorizan el funcionamiento aparato que vigila las comunicaciones de los habitantes

Por otro lado, creo que un tema que no está presente en el mainstream es el uso de algoritmos por parte del Estado para administrar a la población. Cuestiones como la clasificación de niveles pobreza no están presentes en las discusiones sobre tecnología y más bien se encuentran en recluidas en discusiones técnicas entre economistas. Mi suposición es que esto se debe precisamente a la preocupación liberal-individualista mencionada anteriormente. El mainstream de las discusiones trata a los sujetos como ciudadanos-consumidores con derechos a proteger, y no como población a administrar. El problema que encuentro en esta aproximación es que se concentra en quienes tienen la capacidad de consumir o en formas potencialmente represivas en las que el Estado controla sujetos, dejando de lado prácticas estatales cotidianas de administración, las cuales afectan mayormente a los sectores más vulnerables de la población. A diferencia del enfoque anteriormente descrito un estudio sobre el uso de algoritmos para la administracion de población no debería quedarse en “desenmascarar” el uso de algoritmos, sino en proponer ajustes para mejorar el funcionamiento de estos algoritmos y lograr una administración eficaz de la población.

22 de mayo de 2014

Ejecuciones ideológicas: de leyes a algoritmos




Partamos de una premisa: las leyes son una tecnología. Son dispositivos creados por los humanos para un fin específico. El fin es ejercer control sobre un conjunto de individuos, los ciudadanos, dentro de un espacio geográfico. Estos dispositivos determinan lo que es posible dentro del orden legal.

Los algoritmos también son una tecnología. Igualmente son dispositivos creados para un fin específico. En su caso, el fin es ejercer control sobre un conjunto de individuos, pero aquí se trata de usuarios de un software o plataforma. Estos dispositivos determinan lo que es posible dentro de un orden algorítmico. 

*** 
Tanto las leyes como los algoritmos comparten una característica fundamental: ambos son la forma ejecutable de una ideología. Son el sistema de órdenes a través del cual una ideología se materializa. Por ejemplo, así como un sistema legal que garantiza la acumulación de capital y el libre comercio materializa la ideología liberal, igualmente lo hace una plataforma (es decir, un sistema de algoritmos) que permite el libre flujo de información y extraer valor de ello.


Sin embargo, hay un par de diferencias cruciales y estrechamente relacionadas entre ellas que me interesan. Primero, un ciudadano en un orden legal puede romper la normal ejecución de estas órdenes, es decir, encontrarse en la ilegalidad. En cambio, un usuario en un orden algorítmico no puede romper la ejecución, salvo, claro, que sea un hacker (o que se tenga el dinero para contratar uno), aunque obviamente es mucho mas fácil ser un criminal que un hacker. Aquí me refiero a la noción ortodoxa de un hacker, no a la idea muchas veces banalizada de que "todos somos hackers".

Segundo, a diferencia de un algoritmo, una ley no es "self-enforced", es decir, no se "hace auto-cumplir". Un sistema legal necesita estar acompañado de coacción que asegure su ejecución (desde sanciones administrativas hasta el uso de la violencia física). En cambio, cuando uno está dentro de un sistema algorítmico las órdenes se autoejecutan. No es posible escapar de la ejecución de las órdenes, a menos que 1) seas un hacker (o tener el dinero para contratar uno), o 2) estés totalmente fuera del sistema. La conclusión de este punto es simple: entras al sistema algorítmico y soportas su régimen o eres un outcast.

Tercero, una ley es "negociable", un algoritmo no. El derecho no es una ciencia. Si bien el producto de esta disciplina son dispositivos de orden, estos dispositivos son interpretables (al fin y al cabo, ¿acaso de eso no se trata el derecho? ¿Intentar ordenar a partir de una ideología elaborando dispositivos de orden y luego interpretar esos mismos dispositivos?). En cambio, un algoritmo no se interpreta, simplemente se ejecuta. La disyuntiva a la que nos enfrenta este punto puede resultar problemática para algunos: ¿son preferibles las imperfecciones del sistema legal y burocrático a un sistema más expeditivo pero con un margen nulo de negociación? La ley permite negociar y aun estar dentro del sistema, el algoritmo no.

*** 
Cuando Justine Tunney propuso que todos los funcionarios y el presidente de USA renuncien y sean remplazados por ingenieros y un CEO hizo referencia, tal vez sin saberlo, a un paso intermedio (al mejor estilo de Lenin), entre el orden político como lo conocemos, y una total automatización del orden social. Un sistema totalmente automatizado estaría dirigido por autómatas, una o varias entidades algorítmicas que ni siquiera necesitarían los ajustes y/o reprogramaciones de un humano. Tener un líder absoluto, ya sea un dictador o un CEO, no es el último estadio de un proyecto tecnocapitalista, sino una transición. Quien conmine a sus seguidores a quedarse en tal etapa es mediocre en pos de alcanzar este proyecto.

¿Funcionaria un proyecto como este en países periféricos? A nivel micro diría que no. En mi experiencia de asistencia técnica a burocracias locales algo me ha quedado claro: la aplicación homogénea de un dispositivo legal en un universo de jurisdicciones heterogéneas (en cuanto a aspectos más o menos estables como demografía o geografía) es imposible de lograr con resultados totalmente satisfactorios. Acá es pertinente la noción de "ver como el Estado" de Scott: el Estado solo mide y, por lo tanto, atiende lo que está en sus planes de políticas públicas. Lo que no entra en estos planes, no es medido y, en consecuencia, tampoco atendido. Lo que se pasa por alto finalmente aparece en los resultados y evaluaciones de estos planes como factores externos que perjudican sus modelos. Igualmente, un sistema de algoritmos solo permite extraer la data para la cual esta programado, por lo cual inevitablemente hay una perdida de información, en especial la no cuantificable. ¿Dejar de “ver como el Estado” para “ver como un sistema algorítmico” sería realmente beneficioso?


¿Funcionaría en un nivel macro? Tampoco lo creo (y probablemente no solo en escenarios periféricos). Las situaciones de revoluciones anteriores me llevan a especular que la consecución de un ordenamiento social puramente algorítmico de un ideal tecnocapitalista (con todo lo que eso implicaría) no seria posible, no por una falla de técnica, sino por una falla humana. El problema de las élites de CEO e ingenieros seria similar al problema de Hitler señalado por Žižek: no son suficientemente violentos. No en el sentido de la violencia sobre los sujetos, sino en el sentido de violencia sobre el sistema: no estarían dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias, es decir el gobierno de una entidad algorítmica pura. Finalmente tendríamos más de lo mismo: el gobierno de élites despóticas aunque probablemente de una manera menos encubierta. Uno se despoja de un Amo solo para someterse a otro.

*** 
Probablemente a lo que nos estamos enfrentando, más que un cambio de ideología, sea un cambio de modos de ejecución: algo que, en lugar de debilitar la ideología, la empodera en su capacidad de materializarse. Hay que ser conscientes que no puede existir un orden social desideologizado. Debido a esto, toda acción ejecutada o modelo de acción diseñado con el fin de lograr este orden es inherentemente ideológico. Precisamente cuando uno cree que está libre de ideología es que uno está totalmente inmerso en ella.

El asunto no es tratar de escapar la ideología intentando encontrar un orden puramente técnico o pragmático, tal clase de orden es imposible (lo cual no es igual a decir que no hay nada fuera de la ideología). Según el psicoanálisis lacaniano, el propósito de la terapia no es "curar" el desorden del individuo, sino hacer que el individuo encuentre "su" desorden, un desorden que no sea constituido respecto al orden del Amo. Tal vez necesitemos hacer precisamente eso: encontrar "nuestro" (des)orden algorítmico.