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20 de marzo de 2018

Un cuarto de siglo

Hace algunos años Julio Cotler publicó un artículo acerca de la precariedad social e institucional del país. Hacia el final del texto, Cotler utiliza una frase: "Y sin embargo, se mueve". Esta es especialmente relevante en la coyuntura actual. ¿Cómo es que la idea de que "se vayan todos" es popular en gran parte de la población pero no se organiza nada con la suficiente fuerza cómo para que todos efectivamente se vayan?

Según se nos ha dicho, la dimensión macroeconómica del país funciona, mal que bien, gracias al "piloto automático": debido a que el modelo es prácticamente intangible, el Perú puede sobrevivir económicamente a pesar de su precariedad institucional. Si tomamos esta idea como cierta, creo que llevarla un poco más lejos podría explicar nuestra situación. El "piloto automático" no solo operaría en un nivel macro, sino también en un nivel micro: un cuarto de siglo neoliberal ha generado sujetos que funcionan en "piloto automático" para sobrevivir económicamente la precariedad social. Esto no es logrado (únicamente) mediante el discurso de una ideología hegemónica, sino a través de las prácticas cotidianas que estos sujetos se ven en necesidad de emprender.

Claramente quienes esperan el surgimiento de un espíritu republicano de esta clase de sujetos pueden esperar sentados. Su rechazo a la corrupción no debería ser confundido con impulsos institucionalistas, sino que debería ser tratado como reacciones de enojo y hartazgo de la precariedad en la que viven y cuya causa le atribuyen a cúpulas corruptas, en donde colocan tanto a políticos, empresarios y medios. Aprobar el encarcelamiento de personas percibidas como poderosas es una forma de juzgar a quienes ellos perciben como fuera de su alcance de hacer justicia. Es sintomático que, mientras sectores de la élite piden la liberación de políticos en defensa de un proceso legal correcto, a gran parte de la población le parece que una mayor cantidad de políticos deberían ser encarcelados ya. Los primeros solicitan la aplicación de normas para todos, los segundos desean la aplicación de un castigo para todos.

El sujeto neoliberal es socializado principalmente como un agente económico y probablemente aprende a ser cliente antes que ciudadano, con todas las consecuencias que esto puede acarrear. ¿Cómo movilizar a estos individuos? Probablemente la manera más efectiva es demostrar cómo determinadas acciones concretas tomadas por actores específicos no afectan solamente la sociedad en general, sino también su cotidianidad personal. No obstante, aquí existen dos problemas. Primero, quien tiene suficientes recursos materiales no ve la necesidad de movilizarse debido a que sus recursos le permiten sortear la precariedad de alguna u otra manera. Segundo, cuando los que no tienen recursos se movilizan son calificados como manipulados y revoltosos por las élites y por quienes viven en condiciones relativamente mejores. O, peor aún, sus protestas se normalizan y se convierten en un suceso más de la rutina de noticias diarias.

6 de agosto de 2014

Especulación: No-Estado

Hace unos días me topé con dos vídeos en Outside in:





Los cuales se relacionan con algo que he estado pensando recientemente: ¿existe realmente la posibilidad de que no exista Estado? Que el Estado esté supeditado a intereses del capital ya es una realidad. Sin embargo, ¿cabe la posibilidad de que el Estado sea reemplazado por una corporación? Ciertamente esto es algo que los neoliberales locales no promueven (al menos no abiertamente), para ellos el Estado debe proporcionar las condiciones para la existencia del libre mercado, encargándose de lo que el mercado no hace, un ámbito cada vez más pequeño. Actualmente modalidades como las obras por impuestos y las asociaciones público-privadas hacen que el límite entre las competencias del Estado y el poder del capital privado sea cada vez más difuso. A nivel internacional, funciones tradicionalmente asignadas al Estado, como uso de la fuerza, ya son ejecutadas por entidades privadas (o funcionan como si lo fueran). En su versión más reducida, probablemente el Estado solo estaría encargado de crear leyes y vigilar su cumplimiento.


Hace unas semanas leí un par de artículos sobre el legado de Karl Polanyi. El punto central de los artículos es que no puede existir un escenario en el cual no exista Estado. La idea de un mercado que no necesite Estado es utópica. Incluso el libre mercado necesita regulación del Estado, así esta signifique que el Estado recorte de sus propias capacidades: el Estado debe crear el marco legal que permite el libre mercado. A partir de esto, para Polanyi, la pregunta que nos deberíamos hacer no es si debe haber regulación o no, sino qué tipo de regulación debemos tener.
Incluso suponiendo un escenario en el que las corporaciones puedan ofrecer todas las obligaciones estatales en forma de servicios pagados, para hacer esto necesitarían una marco normativo que codifique la manera de hacerlo: un código común a través del cual tanto corporaciones como individuos puedan establecer relaciones comerciales.
Pongamos un ejemplo más concreto: tomemos el caso de los llamados "fondos buitres" que compran la deuda devaluada de países en crisis para luego pretender cobrarla en su totalidad. Incluso estas entidades privadas que se alojan en paraísos fiscales necesitan del marco normativo de un Estado para hacer efectivo el cobro de la deuda. Y, en algunos casos, un Estado puede decidir restringir este tipo de prácticas dentro de su jurisdicción.
Ejemplos como estos nos ayudan a entender porque Polanyi considera utópica la idea de un libre mercado total: una entidad privada no puede actuar "por fuera" de la soberanía de un Estado. Esto es claro incluso para las mismas grandes corporaciones, quienes en la práctica no actúan "por fuera" del Estado, sino a través de este, en lo que algunos llaman la "captura del Estado" (un ejemplo de esto: el Estado utilizando la fuerza para aprobar un proyecto de la gran minería). Probablemente sea por esto que Polanyi considera que la discusión de un mercado sin Estado en realidad es una estrategia para distraer la atención de todas los beneficios que el Estado le otorga al capital.
Imaginemos un ejemplo incluso más extremo: ¿qué pasaría si suspendieramos las leyes en favor de un sistema donde se pueden establecer contratos peer-to-peer (p2p) que se almacenan y ejecutan a través de tecnologia de blockchains? Algo similar a Ethereum (algo que también he tratado en otro post). En este caso, ¿necesitaríamos Estado? Creo que, al menos que una de las partes del contrato tenga la fuerza suficiente para hacer cumplir su compromiso a la otra, no hay ningún impedimento para que alguien arranque su computadora de la red, como diría Richard Stallman. Incluso suponiendo que una de las partes tuviera tal fuerza, ¿hasta que punto podría usarla? ¿Esto tendría que estar regulado por algún código marco para todos los contratos? Si el uso de la fuerza no tiene limite y una gran corporación pudiera coaccionar a otros actores menores con total discreción, cabría preguntarse ¿estaríamos realmente en un "libre mercado"?

3 de agosto de 2014

Formación, mercado y ciudadanía

Un par de cosas que me he estado preguntando últimamente:

1) ¿Aprendemos a ser clientes antes que ciudadanos? Y cuando digo "antes" no me refiero al orden de importancia (como "eres cliente antes que ciudadano"), sino literalmente antes. Los niños son un sector importante del mercado y son un objetivo predilecto de la publicidad desde muy temprana edad. Por otro lado, ¿cuáles son los primeros contactos de un niño con el Estado? Lo más seguro que estos se den a través de la educación y la salud, y probablemente no sean satisfactorios.

2) ¿Esto influye en la formación de nuestras actitudes y conductas respecto al Estado? Si nuestros primeros contactos con el Estado no son satisfactorios y desde niños el mercado nos promete satisfacer nuestras necesidades más básicas, ¿acaso no es lógico que posteriormente muchos se aproximen al Estado como esperando o deseando que este se comporte como una empresa?

Algunas consecuencias de esto:

a) El Estado debe ser (como) una empresa. ¿Cuántas veces hemos leido cosas como "en el sector privado no pasaría esto" cada vez que se critica al Estado? El traslado de criterios originados en el mercado, como la competitividad, a otras instancias, incluido el Estado, demuestra como la lógica del mercado tiene la capacidad de invadir otras esferas y las relaciones que se dan en ellas (algo que he tratado en otro post).

b) Afirmación a través de consumo. En algunas ocasiones las luchas por los derechos ciudadanos parecen algo del pasado. Un ejemplo de esto es que actualmente muchos de los casos de discriminación que se reportan en los medios se dan en relaciones empresa-cliente en lugar de Estado-ciudadano (lo cual no es igual a decir que lo segundo no ocurra). La mayoría de veces los reclamos en estos casos se pueden reducir a la fórmula "¿por qué no me dejas consumir?", en otras palabras, ¿por qué no me permites gastar mi dinero? Como si participar en relaciones de mercado fueran la última forma de afirmación de nuestra existencia como individuos. El capitalismo no cumple su promesa de disolver antiguas fórmulas de dominación y probablemente por eso es que el desconcierto es tan fuerte.

¿Cómo cambiamos esto? Considero que cosas como la educación cívica son inútiles (y realmente estoy cansado de leer/escuchar "necesitamos una formación en valores" en los medios). Creo que esto no se trata de qué se enseña, sino de cómo. Podemos crear una infinidad de cursos sobre lo bueno que es ser ciudadano pero mientras los derechos que le corresponden a todo ciudadano (educación, salud, seguridad, etc.) sean deficientes poco o nada vamos a lograr. La única manera de formar ciudadanos es teniendo un Estado fuerte. Hasta entonces, probablemente muchos estarían más contentos con un CEO en lugar de un presidente.