Una reacción al artículo de Guillermo Rochabrún sobre el conversatorio de Paulo Drinot y Nelson Manrique “Racismo y desigualdad en la historia del Perú”. Específicamente sobre el penúltimo subtítulo "¿Racismo…? Ya quisieran".
Tengo un tremendo problema cuando alguien afirma "así se 'racea' en el Perú". Rochabrún dice: "En EE. UU. es muy nítido quién es un WASP y quién es un negro. Aquí
en cambio puede quedar claro quién será discriminado, pero no cómo va a
ser aquel que discrimine". ¿Dónde es aquí? ¿Aquí en una discoteca de
Asia? ¿Aquí en el Jirón de la Unión? ¿Aquí en Cajacay? ¿Por qué explicar de manera totalizante la ejecución de un sistema de dominación de naturaleza intersubjetiva en un determinado territorio demarcado por límites políticos producto de contingencias históricas? La ejecución de racismo (que no es lo mismo decir sus consecuencias) en interacciones interpersonales (que no es igual a la ejecución de racismo en medios masivos) debería ser estudiada situacionalmente, en los discursos que se elaboran en el acontecimiento.
La idea tan popular (casi un lugar común) de que ahora vivimos un "racismo diluido", que en realidad no es racismo sino "clasismo racializado", es tremendamente beneficiosa para quienes realmente discriminan por rasgos físicos, quienes por lo general pertenecen a las élites económicas blancas. Invisibiliza problemas aún no resueltos. Incluso Rochabrún propone abandonar la palabra 'racismo' y quedarnos solo con 'discriminación', algo que claramente le presta poca atención a lo que él llama 'discriminación racial' (nótese como no dice racismo) que afirma que ocurre en lugares selectos y en el campo laboral (ver subtítulo De las relaciones de producción y dominación a las relaciones interpersonales). En el discurso popular esta concepción del "racismo diluido" normalmente va de la mano con la ilusión de una salida: uno puede dejar de ser raceado cuando escala económicamente. La fantasía liberal perfecta, la otra cara del relativamente reciente optimismo nacional: cualquier individuo puede lograr el éxito. Esto se contrapone a lo que el racismo significa para el individuo realmente 'raceado': su lugar en la sociedad está determinado por su cuerpo y no existe salida para esto. Como bien dice Rochabrún en su adenda: nosotros somos cuerpo.
La idea tan popular (casi un lugar común) de que ahora vivimos un "racismo diluido", que en realidad no es racismo sino "clasismo racializado", es tremendamente beneficiosa para quienes realmente discriminan por rasgos físicos, quienes por lo general pertenecen a las élites económicas blancas. Invisibiliza problemas aún no resueltos. Incluso Rochabrún propone abandonar la palabra 'racismo' y quedarnos solo con 'discriminación', algo que claramente le presta poca atención a lo que él llama 'discriminación racial' (nótese como no dice racismo) que afirma que ocurre en lugares selectos y en el campo laboral (ver subtítulo De las relaciones de producción y dominación a las relaciones interpersonales). En el discurso popular esta concepción del "racismo diluido" normalmente va de la mano con la ilusión de una salida: uno puede dejar de ser raceado cuando escala económicamente. La fantasía liberal perfecta, la otra cara del relativamente reciente optimismo nacional: cualquier individuo puede lograr el éxito. Esto se contrapone a lo que el racismo significa para el individuo realmente 'raceado': su lugar en la sociedad está determinado por su cuerpo y no existe salida para esto. Como bien dice Rochabrún en su adenda: nosotros somos cuerpo.
Perder de vista las situaciones por la pretensión de encajar determinado acontecimiento en una gran explicación de como se ejecuta el racismo en todo el Perú me parece, por lo menos, problemático. Puedo aceptar esta explicación de "clasismo racializado" para un contexto específico (que creo que es el de la nueva clase media urbana post-migraciones) pero definitivamente no para todas las interacciones que ocurren en diferentes contextos que existen en el país. La réplica a esto podría ser "¿acaso esta explicación no abarca a una gran parte de la población peruana?". Probablemente, pero no es total, no alcanza para decir "así se 'racea' en el Perú", deja cabos sueltos, cabos tan importantes como las élites. Ante un caso de denuncia de racismo no nos extraviemos en las posteriores enunciaciones de lugares comunes, centrémonos en el evento, en la consumación del acto.